No siempre un mayor crecimiento del PIB implica felicidad

No siempre un mayor crecimiento del PIB implica un aumento de la felicidad

El Producto Interno Bruto (PIB) es un índice importante que mide el crecimiento económico de un país. Sin embargo, este índice se queda corto a la hora de saber qué tanto el desarrollo de un país determina el nivel de felicidad de sus ciudadanos.

De acuerdo con un informe de Naciones Unidas, Finlandia, Dinamarca, Noruega, Islandia y Holanda son los países más felices del mundo.

Pero, ¿por qué? ¿Son los rendimientos económicos un determinante importante?

La revista The Economist, realizó un estudio en el que mide la relación entre la felicidad y la capacidad de crecimiento económico de un territorio. Sorpresivamente, de los 125 países analizados, 43 son la prueba de que el PIB y la felicidad no siempre están relacionados.

De acuerdo con un estudio realizado por el Banco Mundial, esto ocurre debido a que, a medida que aumenta el crecimiento económico de un país, mayores son las expectativas que tienen las personas. Cuando esto pasa, más inconformidad se encuentra en el ambiente y, por consiguiente, más inseguridades y menos felicidad.

Hechos como este hacen que las personas vean el vaso más vacío que lleno y que sientan que nunca van a lograr alcanzar todo aquello que tanto desean.

Por esto, aunque un mayor crecimiento económico implica un aumento de las oportunidades que tienen las personas de estudiar, trabajar y sostenerse, la felicidad es un fenómeno cambiante y no hay dinero en el mundo que la pueda comprar.

En Malasia, en un templo budista, está escrito: “hasta el peor de los momentos no será para siempre, porque la única constante en el universo es el cambio”. La felicidad no es un destino, sino un estado de ánimo. Como tal, es importante entender que solo al estar triste es posible comprender lo que implica ser feliz.

Por esto, aunque el dinero puede llevar a momentos de felicidad, tenerlo puede llevar al sentimiento contrario. La ambición no siempre es el mejor resultante y en la actualidad, para que una persona se sienta satisfecha, se necesita más que solo generar incentivos de tipo monetario. La felicidad depende entonces de las personas, y no de los recursos que ellas tengan.

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