Un breve repaso sobre el microcrédito

Un breve repaso sobre el microcrédito

Hasta hace 50 años, solo una pequeña parte de la población estaba en capacidad de acceder a préstamos formales para impulsar sus negocios. Sin embargo, en los años setenta, el Grameen Bank de Bangladesh inauguró en el sistema financiero la figura del microcrédito. Esta figura se convirtió en una herramienta eficaz para el desarrollo empresarial y social de los países del mundo, otorgándole la posibilidad de convertirse en empresarios a los ciudadanos de menos recursos.

Y en Colombia … ¿cómo vamos con el microcrédito?

En el caso colombiano, el microcrédito fue aprobado formalmente con la ley 590 del año 2000. Esta ley tenía como objetivo promover el crecimiento de las micro, pequeñas y medianas empresas. A partir de ahí, se crearon diferentes Instituciones de Microfinanciamiento (IMFs) avaladas por la Superintendencia Financiera de Colombia.

De acuerdo con datos de la Superintendencia Financiera, para el 2006 la cartera de microcréditos alcanzaba un poco más de $600.000 millones. Para el 2009 esta cifra ascendió a $1,8 billones, y en 2015 logró superar la barrera de los $5 billones. De acuerdo con la Asociación Colombiana de Instituciones Microfinancieras (Asomicrofinanzas), hoy la cartera bruta de microcréditos llega hasta los $14,5 billones. Esto demuestra una tendencia ascendente a lo largo de los años.

El microcrédito informal, un hueso duro de roer

Hoy en día el microcrédito informal constituye un dolor de cabeza para las autoridades financieras. De acuerdo con cifras del DANE, para finales de 2017 unos $6,2 millones de microempresarios se encontraban dentro de la economía informal, lo que representa el 65% de los emprendimientos del país. Uno de los grandes problemas es la conectividad, pues de acuerdo con el gremio Asomicrofinanzas, Bogotá, Antioquia y Nariño son las regiones que más acceso tienen a microcréditos, mientras que los departamentos más pobres como Vaupés y el Amazonas son lo que menos acceden a ellos.

El reto hoy por hoy es continuar incluyendo a los emprendimientos en el circuito financiero formal otorgándoles microcréditos, con el fin de lograr un crecimiento articulado que permita el progreso y desarrollo de estas microempresas. El trabajo es arduo, pero la recompensa es grande, pues a la larga, la generación de empleo formal y de nuevos mercados promueve el desarrollo económico y social del país.

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